jueves, 27 de noviembre de 2008

La Yaya


Voy hablar de mi abuela, la mujer más graciosa que conozco. Su nombre, María, o coloquialmente Maruja, pero para todos es LA YAYA. Desde que tengo memoria la he tenido siempre muy cerca de mí, y por tanto muy pendiente de todo... Es muy graciosa y pizpireta, y por alguna razón cada vez que pasan los años, más graciosa y más bonita está. No voy alargarme mucho, así que no podré contar todas las historias que conozco, que me cuenta, y recuenta cada vez... 
Sólo quería dejar por escrito mi total orgullo y admiración hacia una de las mujeres de mi familia que quiero con todo mi corazón. Recuerdo su antiguo pelo castaño oscuro, el que ahora se ha convertido en un pelo blanco muy liso... Ya no hay maquillaje, ni bolsito rojo con sus pinturas, ni espejito azul del rimmel... Recuerdo con mucha nostalgia sus manzanillas, sus mecachis en la mar, o en la porra frita, sus nena, sus "quieres una tortillita de patata"... O el "claca claca" de sus sandalitas al chocar con el suelo mientras caminaba por la casa... Cómo olvidar el parará papá, parará pachín... O el chiste del pollo... Las historias sobre ella y Paco (mi abuelo), su historia en el barco hacia Venezuela, sus historietas de profesora particular, y pare usted de contar...
Me hace gracia que nos llame a todos con diminutivos, y utilizando ese tono de voz tan particular que todos sabemos exactamente cual es. Pedrito, Marujita, Marga, Pichoncita, Eduardito... Y así uno a uno... No siento más que deseos de verla, y es que es muy graciosa, en serio lo digo... La quiero mucho, y me gusta ver alrededor en la familia, y ver que todos la quieren tanto... Y es que es maravillosa, estupenda como ella sola... Valiente, luchadora, y con mucha fuerza... con un acento español que no pierde por muchos años que viva fuera de España, España, su tierra, y su historia de que nació en Serón, de donde es el mejor jamón serrano... 

La quiero mucho, y me llena de felicidad pensar en todo lo que gracias a ella somos ahora todos... No tengo más que palabras de amor y de agradecimiento hacia ella, la mejor mujer que conozco, y conoceré nunca. Mi yaya, la Yaya... Cómo la quiero, y que facilidad tiene para ablandarnos con su tono de voz, y ponernos sentimentales pensando en ella y en sus tonterías... Qué bonita y Qué graciosa es... 

domingo, 23 de noviembre de 2008

Un mundo feliz

"Fui y seré me ponen triste ...; tomo un gramo (de soma) y sólo soy."
Capítulo VI, Un mundo feliz. Aldous Huxley.

Me gustaría conseguir ese libro, y nada que lo consigo...
Es domingo, así que no pienso escribir nada más... Con eso explico claramente mi estado actual, y con esta canción cierro el efecto domingo que me invade como una gangrena. (Toco madera, por lo de gangrena, era sólo un decir).


lunes, 10 de noviembre de 2008

Amarillo

Rubio, de amarillo radiante, como los rayos del sol, como el amarillo por estrenar de la caja de colores, fuerte y vivaz, alegre y profundo. Luz que invoca lo más intenso de mi ser, sácalo a flote, merodea por mi alma, rétame con pasión... La vida sería tan insulsa si no fuese por tus rayos de luz alumbrando, y tus destellos de sombras resguardando del frío. Luz, mi bella luz.





Mi intención era sólo escribir dos líneas, todo empezaba con "rubio de amarillo radiante y vivaz..." Pero no sé por qué me salió esto, y creo que he dado en el clavo con dicha descripción.

Rosa...


viernes, 7 de noviembre de 2008

Añoranza vestida de pasado.

No sé si llamarlo nostalgia, si es así, lo definiría como un sentimiento de angustia prolongado, tiene tanta razón eso de "ojos que no ven, corazón que no siente". Estamos tan tranquilos en nuestro día a día, las cosas van evolucionando, cambiando, todo lo que era, deja de ser, y lo que será no sabes de que estará hecho. Analizando el pasado me doy cuenta de sacrificios, pérdidas y ganancias que he tenido en 18 años de vida, para algunos parecerá un periodo corto, pero aunque corto, muy lleno, y rebosante de recuerdos. Retomo lo dicho anteriormente, todos tan tranquilos en nuestro día a día, cuando de repente, nos cruzamos con nuestro pasado, y es en ese instante cuando notas que tu cabeza almacena los sentimientos en algún remoto lugar del cerebro, que los oculta y los mantiene de incógnito hasta que boom! Te das con ellos en la nariz, y entonces tu cabeza saca toda la información rápidamente y te hace un resumen de todo lo vivido con lo que tienes delante. 

Yo personalmente no se reaccionar a esta presentación del pasado ante mí, y mucho menos con bastantes litros de alcohol fluyendo por mi cuerpo. Al mirar a mi pasado de frente y recordar lo vivido me invaden unas ganas enormes de echarme a llorar, y es ahí cuando la nostalgia se convierte en añoranza, y cuando me gustaría evadir las preguntas típicas de ponerse al día:
-cuánto tiempo! qué tal estás? qué estudias? me das tu teléfono para ponernos al día?- 
Me gustaría dejar a un lado todas esas preguntas parsimoniosas y decir de frente todo lo experimentado por mí en ese instante: - Hola, cuánto tiempo sin verte... Cómo te echaba de menos, ¿te acuerdas como nos reíamos y decíamos tantas tonterías? Eramos unas niñas, pero qué divertido era, estás muy cambiada, aunque en tus ojos puedo ver a la misma persona que tan bien me hacía sentir, me gustaría poder seguir en el mismo nivel de amistad que teníamos, pero claro, tenemos ahora vidas muy distintas y diferentes... Lloro de alegría de verte, y un poco de tristeza por haberte perdido en el camino. Toma mi teléfono, llámame y quedamos para ponernos al día, Adiós, dame un beso, y un buen abrazo...-  

No pretendo sonar triste, ni pesimista, quizás un poco melancólica... Pero en el buen sentido, claro está. Me gustaría que supiera que la tengo presente, que me acuerdo mucho de ella, y que para eso no me hace falta ningún licor, que recordarla puedo hacerlo sana y cuerda. 
Lo más gracioso de todo, no, miento, la palabra no es gracioso, pero no consigo la que realmente le va, (lo sé, estoy escasa de vocabulario), pero lo que quiero decir, es que en ese momento, delante de mi pasado, recordándolo todo, y viéndole a los ojos, podía sentir justo a mi lado la presencia de mi presente. Fuerte y leal, como respaldándome, y en ese momento, puedo darme cuenta de que perdí mi pasado, por así decirlo, pero gané un presente que me hace fuerte y feliz, madura y optimista. Un presente que, al darse media vuelta mi pasado y seguir en su vía de futuro, ahí estaba conmigo, mi presente con melena rubia y botas de tacón, que se acercó a mi y me dijo con ese tono de voz dulce que suele tener al hablarme: -Ali no llores...- 
Y ahí estaba yo, no sabría decir si lloraba por lo que echaba de menos, si lloraba por la seguridad y lo a salvo que me hacía sentir el presente que a mi lado estaba, o si era una mezcla de los dos... Pero allí, en medio del semáforo estaba yo, mis lágrimas, mi corazón palpitando fuerte, mis copas de sangría y mis cubatas de vodka en la sangre, mi pasado, que aunque rubia también, era un amarillo más tenue de lo que recordaba... Y por último, pero no menos importante, mi presente, rubio, de amarillo fuerte y vivaz, dándome vida y amor, lo sentía, en serio lo sentía, de pie, a mi lado, siempre a mi lado... Mi pasado cruzó la calle, nos despedimos y dijimos de llamarnos, obviamente todo era inducido por el alcohol, ahora visto fríamente todo parece tan irreal... Pero al fin y al cabo, ella cruzaría la calle, y yo seguiría con lo mío. Me quedé con mi presente de pelo rubio, y apoyándome en ella caminamos hasta encontrarnos con los otros pilares de mi yo actual. Y allí juntas las 4 dejé de llorar, y entendí que debía aprovechar lo que en ese preciso momento tenía. Sin olvidarme nunca de lo vivido anteriormente. 



Y me gustaría dedicarle esto a ellas... Así que aquí queda.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Perdiendo la chaveta

Hoy estaba yo pensando, por qué nos dedicaremos tanto tiempo a planificar cosas que queremos que pasen, y después, al llegar el momento, todo sale totalmente distinto a como lo esperábamos. Y no contentos con esto, lo repetimos cada vez, ciegos, sin darnos cuenta de que siempre será igual, todo saldrá al contrario de lo planificado, no tiene ningún sentido darle vueltas, porque es así, y no va a cambiar. Y no sé si es llamarle destino, o lo que sea que quieran llamarle. Y es que todo basado en una extraña ley de Murphy, una vida donde la suerte no existe, donde el ser humano está suelto aquí por quien sabe qué, quien sabe cuándo, y para quien sabe qué. Al final lo que tiene que pasar pasa, lo que tiene que salir bien, sale bien, y lo que tiene que salir mal, sale mal. Y punto, se acabó, no hay vuelta atrás, ni vuelta de página, es simple como una hoja blanca. Lo que es es, y lo que será será. Como decía la canción: "que será, será, whatever will be, will be"
¿Saben de lo que hablo? Nos cegamos en esta intensa y profunda sensación de querer tener respuestas para todo, ir por delante de lo que somos, y de todo lo que nos espera. Tal vez si no nos creáramos tantas expectativas sobre las cosas, luego no habría necesidad de sentirnos decepcionados de lo que viene a continuación. Esto lo he leído en alguna parte, ahora no recuerdo donde, pero sé que lo he leído. Y es que es muy cierto, nos hacemos una idea previa a todo, para luego siempre sentirnos decepcionados, o defraudados del momento final, el definitivo. Y esta creación de falsas expectativas, no hace más que jodernos la vida, con el perdón de la palabra queridos míos. Y es algo que yo creo que más que nada está ya puesto como instinto humano, enterrado muy dentro de nuestro ADN, ahí lo tenemos, planificar, idealizar, y muchas cosas, incluso diría que hasta soñar, son respuestas que creamos de supervivencia, supervivencia en este mundo tan raro, del que sabemos nunca podremos encontrar respuestas por mucho que las busquemos, y que esto por muy raro que nos parezca, tal vez sea lo mejor, -prefiero no saber- buena frase, dicha por mucha gente últimamente a mi alrededor, y me incluyo entre ellos, al fin y al cabo, ojos que no ven, corazón que no siente. Y es que no hay nada peor que sentirnos mal, por algo que no sabemos si pasará, o por algo que no pasó. Somos raros, qué más queremos saber, el otro día hicieron un descubrimiento, el amor y el odio nacen en zonas distintas del cerebro, bendito cerebro, que tantas cosas nos da, controlador de lo que somos en cuerpo y alma, sin él no seríamos nada, más que hueso, y carne amontonados. No sé ni lo que estoy diciendo, estoy empezando a divagar, aquí dejo esto. 

Lo más gracioso es, que estoy haciendo exactamente en este momento pública la presencia de este instinto, estoy preguntándome cosas, diciendo, bah qué se yo lo que estoy diciendo, y es que me abruma la posibilidad de darme cuenta, de que tantas preguntas planteadas, no crean más que una ansia absoluta por vivir, y de forma rara me planteo esta pregunta: ¿por qué me siento mucho más viva, optimista, y feliz, haciéndome tantas preguntas? ¿por qué me da tanto miedo dejar de plantearme tantas cosas? ¿será que si dejo de preguntar, indagar, o analizar, se perderá toda la satisfacción que existe en mí, al cuestionarme tantas cosas, dudas...? Creo que ya estoy desvariando, y tanta palabra no hace más que perder el significado de lo que realmente quería decir, ahora sí corto y cambio, porque sino, como diría mi mamá "estoy perdiendo la chaveta".