Tiene toda la razón del mundo, cuando estamos bien, siempre nos preguntamos por qué, es raro tener esa sensación de bienestar, no estamos acostumbrados... Y seguida de esta sensación, emerge una horrible y terrorífica época de desastre. Odio estas malas rachas, las detesto... Quisiera chasquear los dedos y hacerlas desaparecer, pero para qué? si al fin y al cabo volverán apareciendo... Así es nuestra vida.
Luego la verdad es que pasan rápidamente, y ni lo notamos... Y todo vuelve a estar bien. Pero yo lo quiero ya, yo quiero que desaparezca ya este horripilante agotamiento corporal y mental al que me someto día a día buscando soluciones. Pero basta! Se acabó el sentirme como una víctima y el lamentarme. La soledad debería ser una virtud, un don del que somos dichosos algunos, por poder aislarnos, ensimismarnos, pensar y abstraernos. No debería ser una razón para lamentarnos y deprimirnos.
Y por esta razón, me dejo de lamentos y de lagrimones, y empiezo a pensar con la cabeza sobre los hombros, a centrarme, a crear nuevas cosas, a darme tiempo y calma. Y es que más vale estar sola que mal acompañada, no?
A veces no me reconozco, tan desesperanzada y desolada, qué me pasa? Por qué me estoy convirtiendo en esto? Yo estoy llena de vida e ilusionada... Siempre lo he estado, lo sigo estando, y no voy a dejar que nadie me opaque, me apague, me encierre... No voy a convertirme en una víctima. Nadie debería hacerlo...
No podía decir todo esto y levantarme el ánimo sin tener de fondo mi canción favorita...
No hay comentarios:
Publicar un comentario