domingo, 8 de marzo de 2009

Aislarnos, ensimismarnos, abstraernos.

Me encantan las revelaciones sobre la verdad que tiene mi amiga Rosa, siempre acierta... Voy a empezar a considerarla mi oráculo personal. La más próxima diría que es esta: "cuando las cosas van bien, me preocupo, porque se que viene algo malo..." 

Tiene toda la razón del mundo, cuando estamos bien, siempre nos preguntamos por qué, es raro tener esa sensación de bienestar, no estamos acostumbrados... Y seguida de esta sensación, emerge una horrible y terrorífica época de desastre. Odio estas malas rachas, las detesto... Quisiera chasquear los dedos y hacerlas desaparecer, pero para qué? si al fin y al cabo volverán apareciendo... Así es nuestra vida. 

Luego la verdad es que pasan rápidamente, y ni lo notamos... Y todo vuelve a estar bien. Pero yo lo quiero ya, yo quiero que desaparezca ya este horripilante agotamiento corporal y mental al que me someto día a día buscando soluciones. Pero basta! Se acabó el sentirme como una víctima y el lamentarme. La soledad debería ser una virtud, un don del que somos dichosos algunos, por poder aislarnos, ensimismarnos, pensar y abstraernos. No debería ser una razón para lamentarnos y deprimirnos. 

Y por esta razón, me dejo de lamentos y de lagrimones, y empiezo a pensar con la cabeza sobre los hombros, a centrarme, a crear nuevas cosas, a darme tiempo y calma. Y es que más vale estar sola que mal acompañada, no? 

A veces no me reconozco, tan desesperanzada y desolada, qué me pasa? Por qué me estoy convirtiendo en esto? Yo estoy llena de vida e ilusionada... Siempre lo he estado, lo sigo estando, y no voy a dejar que nadie me opaque, me apague, me encierre... No voy a convertirme en una víctima. Nadie debería hacerlo... 


No podía decir todo esto y levantarme el ánimo sin tener de fondo mi canción favorita...

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