Yo personalmente no se reaccionar a esta presentación del pasado ante mí, y mucho menos con bastantes litros de alcohol fluyendo por mi cuerpo. Al mirar a mi pasado de frente y recordar lo vivido me invaden unas ganas enormes de echarme a llorar, y es ahí cuando la nostalgia se convierte en añoranza, y cuando me gustaría evadir las preguntas típicas de ponerse al día:
-cuánto tiempo! qué tal estás? qué estudias? me das tu teléfono para ponernos al día?-
Me gustaría dejar a un lado todas esas preguntas parsimoniosas y decir de frente todo lo experimentado por mí en ese instante: - Hola, cuánto tiempo sin verte... Cómo te echaba de menos, ¿te acuerdas como nos reíamos y decíamos tantas tonterías? Eramos unas niñas, pero qué divertido era, estás muy cambiada, aunque en tus ojos puedo ver a la misma persona que tan bien me hacía sentir, me gustaría poder seguir en el mismo nivel de amistad que teníamos, pero claro, tenemos ahora vidas muy distintas y diferentes... Lloro de alegría de verte, y un poco de tristeza por haberte perdido en el camino. Toma mi teléfono, llámame y quedamos para ponernos al día, Adiós, dame un beso, y un buen abrazo...-
No pretendo sonar triste, ni pesimista, quizás un poco melancólica... Pero en el buen sentido, claro está. Me gustaría que supiera que la tengo presente, que me acuerdo mucho de ella, y que para eso no me hace falta ningún licor, que recordarla puedo hacerlo sana y cuerda.
Lo más gracioso de todo, no, miento, la palabra no es gracioso, pero no consigo la que realmente le va, (lo sé, estoy escasa de vocabulario), pero lo que quiero decir, es que en ese momento, delante de mi pasado, recordándolo todo, y viéndole a los ojos, podía sentir justo a mi lado la presencia de mi presente. Fuerte y leal, como respaldándome, y en ese momento, puedo darme cuenta de que perdí mi pasado, por así decirlo, pero gané un presente que me hace fuerte y feliz, madura y optimista. Un presente que, al darse media vuelta mi pasado y seguir en su vía de futuro, ahí estaba conmigo, mi presente con melena rubia y botas de tacón, que se acercó a mi y me dijo con ese tono de voz dulce que suele tener al hablarme: -Ali no llores...-
Y ahí estaba yo, no sabría decir si lloraba por lo que echaba de menos, si lloraba por la seguridad y lo a salvo que me hacía sentir el presente que a mi lado estaba, o si era una mezcla de los dos... Pero allí, en medio del semáforo estaba yo, mis lágrimas, mi corazón palpitando fuerte, mis copas de sangría y mis cubatas de vodka en la sangre, mi pasado, que aunque rubia también, era un amarillo más tenue de lo que recordaba... Y por último, pero no menos importante, mi presente, rubio, de amarillo fuerte y vivaz, dándome vida y amor, lo sentía, en serio lo sentía, de pie, a mi lado, siempre a mi lado... Mi pasado cruzó la calle, nos despedimos y dijimos de llamarnos, obviamente todo era inducido por el alcohol, ahora visto fríamente todo parece tan irreal... Pero al fin y al cabo, ella cruzaría la calle, y yo seguiría con lo mío. Me quedé con mi presente de pelo rubio, y apoyándome en ella caminamos hasta encontrarnos con los otros pilares de mi yo actual. Y allí juntas las 4 dejé de llorar, y entendí que debía aprovechar lo que en ese preciso momento tenía. Sin olvidarme nunca de lo vivido anteriormente.

Y me gustaría dedicarle esto a ellas... Así que aquí queda.
2 comentarios:
"Tasar la dosis exacta de memoria y olvido". Justo eso.
Un besito Ellen :)
Bastante difícil encontrar el punto exacto.
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